• Alejandro Ordoñez González

Día del trabajo

26 de Abril , 2012


Volverán los desfiles proletarios

a tu balcón los obreros llegarán

pero aquellos afamados dinosaurios


esos… esos no volverán.

(Quién sabe. ¡Ay nanita!)

Anervo Mado.


Porque hubo épocas en las que el día del trabajo se celebraba a pleno sol y no vergonzantemente en lo oscurito, cuando las cosas se hacían como Marx manda y no si Dior quiere. Amén. Día de guardar, de llegar temprano con el delegado sindical, para el pase de lista obligatorio, de desenrollar mantas y levantar pancartas, de alzar la voz para gritar consignas, porras y hacer sonar fuerte la matraca y las campanas con las que se anunciaba el camión de la basura, para ganarse torta, refresco, gorra y chamarra, fecha en la que el presidente era llamado, grandilocuentemente, “el primer obrero de la nación”, y nadie se imaginaba, ni por asomo, que terminaría convertido en el primer gerente del país (Mexicou & Company) y menos en el primer comandante de la patria (achtung). Tiempos aquellos en los que no se movía la hoja del árbol si no era por orden del preciso, mucho antes del “este puño sí se ve”, cuando Fidel Velázquez era a secas ¡don Fidel! y no se nos había vuelto estuatua, como dijeran los lumpen, hoy devenidos en simple y pinche prole. Estuatua, que al fin chambeaban de obreros y no de intelectuales presuntuosos. Y la plancha del zócalo se cubría, por unas horas, con los agrios humores del sobaco y los ácidos olores de las patas.

Primero de mayo. Fiesta de los trabajadores. Desfiles proletarios -a todo lo largo del país- bellos como una rosa roja, según dijera Neruda. Fecha en laque se honra a los mártires de Chicago. Día en que los líderes obreros nacionales tomaban por asalto los balcones del palacio nacional y aguardaban una sonrisa del señor, para repetir como el poeta Bécquer: “hoy lo he visto, lo he visto y me ha mirado, hoy creo en Dios”. Los líderes charros, aquéllos que sólo sabían jinetear las cuotas de sus agremiados, (lo saben, lo saben…)

Pero vayamos a la historia: el primer desfile obrero que se celebró en México fue en 1913 y a partir de 1919 lo organizó la CROM, que dirigiera Luis Napoleón Morones, en cuyo honor hicieron un acróstico: Como Robó OroMorones. Pero eso fue antes, porque después se robaron el oro y el moro. Y como en el chiste, se llevaron la pintura al óleo, el marco recamado en oro y hasta el clavito de plata con que se colgaba. El hoyito no, con ese no pudieron.

Cómo Robó Oro Morones y los nostálgicos extrañan a don Fidel, a la Güera Rodríguez Alcaine (cuñado de todos los periodistas) y a una pléyade de personajes que se reeligieron a perpetuidad mientras hacían fortunas de escándalo. Día del desfile proletario, ¿otro más? Si nuestros lumpen están hartos de desfilar de una fábrica a otra, en busca de un trabajo que no existe y cuando lo hallan, perciben el salario mínimo. Un sueldo que no alcanza ni para pagar los transportes de la familia.

Porque hoy por hoy, ¿hay algo qué celebrar, cuando el índice de desempleo aumenta al mismo ritmo que la miseria extrema y la fortuna de los ricos? Pero no todas son malas noticias. Escuchemos las buenas nuevas: ahora sí el Congreso de la Unión aprobará una nueva ley federal del trabajo que, según dicen, promoverá el empleo y limitará el derecho de huelga, con lapsos de capacitación y largos períodos de prueba para que los trabajadores no creen derechos de antigüedad, ni de liquidación. Una nueva ley que acabará con los líderes charros y sus fortunas mal habidas, sí Chucha, cómo no… Contratos por horas o por temporada. Además, el sistema de subcontratación (outsourcing) ha recibido la bendición jurisdiccional que permite pagar bajos sueldos y magras prestaciones a los trabajadores, mediante la creación de empresas administradoras. Ah chingá, fíjate qué suave. No, posí.

Fiesta de los trabajadores y los constituyentes del 17 se revuelcan en sus tumbas, día para venerar a San José Obrero, el bíblico carpintero, patrón de los trabajadores, y como dijera aquél: pa como vamos, más nos vale pedirle un milagro, porque la cosa está que arde, de veras, me cai que si…



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