• Alejandro Ordoñez González

Joder a México.

Leo en el periódico “El Universal” del viernes 28 de octubre de 2016 una noticia que me llena de júbilo y hace renacer en mí la esperanza de un futuro mejor. Además, en este país donde todos parecemos estar dormidos, por fin algunos mexicanos insignes despiertan y hacen suyo el nuevo eslogan presidencial: ¡Joder a México!, sí señor, faltaba más, sobraba menos. Atrás de la raya que estoy trabajando.

Ocurre que la ínclita Unión Nacional de Padres de Familia está proponiendo que los padres de familia supervisen a los maestros cuando estén impartiendo sus clases de educación sexual. No sólo eso, que sean los padres los que determinen los contenidos que impartirán los maestros, que los supervisen y que, si lo consideran conveniente, sean los padres los que dicten la clase.

A mí me parece justa su petición, aunque insuficiente porque están dejando de lado muchos asuntos que nos interesan a los mexicanos, por eso con el ánimo de coadyuvar con tan conspicuos personajes propongo que amplíen su radio de acción. Me explico: que sean los padres los que vigilen, supervisen y ultimadamente se encarguen de construir los puentes, las carreteras, las impresionantes vías elevadas; y, ojo, mucho ojo, los pasos peatonales que las cruzan, porque ese es un asunto de moral pública, no vaya a ser que las dichosas escaleras permitan que algún libidinoso (nunca falta uno) se coloque al pie de ellas con la intención de verles las piernas y en un descuidito así de chiquitito hasta los chones a las muchachas; digo, ¿no?

Que los padres de familia acudan a los hospitales y clínicas, entren a los quirófanos y dirijan y supervisen a los cirujanos; en última instancia, ya entrados en gastos, que sean ellos los que hagan las intervenciones quirúrgicas.

Fíjense qué fregona es la propuesta, no cabe duda que, como diría (o casi) Octavio Paz son los adelantados de nuestro siglo y gracias a ellos podremos vislumbrar las luces del mañana. Algo que ni Marx, Engels, Bakunin, ni Kropotkin lograron: una sociedad igualitaria, una sociedad sin profesiones, porque después de todo ¿a poco se necesita mucha conocencia para ser doctor, ingeniero o maestro? ¡Ah!, no manchen, ¿no será que nos han espantado con el petate del muerto? Por fin viviremos en una sociedad más democrática, más igualitaria, y que no nos vengan a apantallar con sus títulos de licenciatura, maestría o doctorado; en México todo se puede, todas esas cosas no son sino simples talachas a las que sólo hay que ponerles calicatencia y si no jala pus lo hacemos funcionar con un alambrito, nomás eso nos faltaba.

Desde esta afamada columna hago un llamado a todos los mexicas de aquí, de los iunaites y de las uropas para que manden sus iniciativas y juntos podamos decir con orgullo: ¡Jodimos a México!, me cae que sí.