• Alejandro Ordoñez González

Lo dijo un pajarito… y muchos más

10 de Febrero , 2012

Lo dijo un pajarito, luego otro y otros más, después llegó por la radio, periódicos y tele. Ayer lentejas -dijo el pobre hombre-, hoy nada. ¿Hoy nada?, preguntó el reportero con un nudo en la garganta. Hoy nada, confirmó aquél, con aire contrito… y un viento gélido barría la montaña.

Sí, lo dijo un pajarito, pronto lo supo toda la parvada, también los cuervos, las urracas, las aves de presa y hasta los grandes carroñeros. Lo supieron, inclusive, los pájaros de cuenta y los de los roncos trinos, esos que cruzan y manchan el pantano, los que anidan en los ministerios, conujieres, edecanes, ayudas de campo y autos blindados. Hicieron para atrás el mullido sillón de su comedor privado, ahí donde se traga y se bebea granel y es gratis -porque todo lo paga el pueblo-; incrédulos, aflojaron cinturón y corbata, eructaron discretamente y una peste a frutos de mar en proceso de digestión inundó el ambiente. ¿En verdad se están muriendo de hambre?, pero ya los vencía el sopor del coñac y apremiaba la siesta vespertina.

¿Suicidios?  ¡Falso! -dijo un ave canora de altos vuelos-, la verdad es que hay hambruna pero son felices. ¡Son felices!, por eso no quieren dejar sus tierras. Nuestros indios son fuertes, tienen carácter para enfrentar sus retos, el valor de nuestros hermanos rarámuris no se dobla ni con el hambre ni con el frío… ya están acostumbrados. No pos sí.


No politicen el hambre, no lucren con las carencias de los indígenas, pero una de esas indias rarámuris, necia, ignorante -como todas-, lo enfrentó y le dijo: “Está bien que te ocupes de la carencia, gobernador César Duarte, el sufrimiento no debió llegar a tanto”. “Está bien que traigas apoyos para comer y pasar el frío, que busques la buena conciencia de los poderosos, pero te decimos que no queremos que por la ayuda quieran algo más que agradecimiento y tampoco queremos que los empleados del gobierno se queden con lo que no es para ellos”. ¿Por qué lo habrá dicho, tú?

Pero no hay por qué preocuparse, nadie se va a morir de hambre, ni de sed, dicen por ahí; además, el góber ya convocó a las organizaciones sociales, de beneficencia, empresariales y a todo aquel ciudadano de buen corazón, para apoyar a nuestra población más vulnerable. Los indios viviendo de limosna… Ahí donde incubó la revolución mexicana. Carajo.

¿Y la parvada? Pues aunque los rarámuris sigan muriendo de hambre y frío, nuevos asuntos ocupan -en la red-, sus trinos: día del amor, Madonna o El Oscar, porque en México la memoria colectiva es flaca y breve. Lo dijo el poeta: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar… ¿Qué sigue?



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