• Alejandro Ordoñez González

Yo pisaré las calles nuevamente...

A la memoria de Hortensia Bussi.

*publicada en el Periódico Síntesis a fines de junio de 2009



Las malas noticias proliferan, se multiplican como fauna nociva. ¿Qué karma estaremos pagando? No hemos superado una pena cuando ya tenemos encima otra y muchas más que, como aves de mal agüero, se avizoran en el firmamento. Para variar, los diarios han traído una mala nueva: murió Hortensia Bussi. Sí, la imprescindible Tencha, como le decían sus allegados. La esposa; más que eso, la compañera del presidente chileno Salvador Allende y eso me lleva a recordar los aciagos días que vivió Chile -compartidos por muchos-, a partir de ese infausto 11 de septiembre de 1973, cuando la rápida sucesión de noticias nos llevó del pasmo a la indignación, y de ahí a la rabia y a la tristeza.

Vuelvo a ver y a escuchar a aquellos aviones que zumbaban como mosquitos enfurecidos por encima del Palacio de la Moneda, donde despachaba el presidente. De no haber sido tan patético lo que ocurría, uno habría pensado que estaban recreando la película donde Chaplin se burla de Hitler; pero era diferente, ¿cómo decirlo? Unos aviones que parecían de juguete arrojaban bombas que resultaban de verdad y producían daños en el inmueble, de donde salían humo, más tarde heridos y luego muertos de verdad; entre ellos el querido, admirado presidente Salvador Allende. Luego el audio de una conversación sostenida entre dos gorilas: Patricio Carvajal decía a Pinochet: "Hay una comunicación, una información de personal de la Escuela de Infantería que está ya dentro de La Moneda. Por la posibilidad de interferencia, la voy a transmitir en inglés: “They say that Allende committed suicide and is dead now” (sólo le faltó añadir: lo digo en inglés, al fin que nadie entiende). Joder, que clase de asnos. Veo al presidente, con sus gruesas gafas, su suéter a cuadros bajo el saco, protegido por un casco militar, empuñando un rifle AK-47, regalo de Fidel. Poco antes, Radio Magallanes nos había traído su último mensaje:

“...me dirijo a ustedes, sobre todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria... Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder...Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino... Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor...”

Todo empezó tres años atrás, cuando Allende derrotó a Alessandri, candidato de la derecha -momio cristianos-, por un margen en la votación menor al 2% Más tarde nos enteramos que Nixon ordenó a Kissinger boicotear a Chile hasta que derrocaran a Allende. Le negaron créditos externos y solicitaron el embargo al cobre chileno; subsidiaron a la oposición y con el apoyo de la burguesía local sabotearon la economía que de superavitaria pasó a ser deficitaria. Huelga de transportes, cacerolismo, escasez en el abasto, agentes de la CIA infiltrados; en suma, un país en ruinas. ¿Resultado? A más de treinta años el país sigue profundamente dividido y el recuerdo de las torturas, secuestros, desapariciones y asesinatos están a flor de piel. Algunos, como Pablo Milanés, simplemente quisiéramos repetir: “Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada, me detendré a llorar por los ausentes”.