• Alejandro Ordoñez González

A todo color, en vivo y en directo.

Prendí mi televisor -listo para el apagón analógico de todos tan temido-. Era Pumas-América. El juego, ya se sabe, fue no apto para cardíacos, como decían los clásicos. Acababa el partido cuando un jugador del América; hombre de color, como eufemísticamente debe decirse para no discriminar a la gente de piel oscura, pareció enloquecer súbitamente y hecho un energúmeno empezó a perseguir a un puma cara pálida, cabeza rapada, que se dejaba convencer por sus compañeros para que contrario a lo que ocurrió a Rosita Alvirez, no fuera al baile. Aquel hombre de color (eufemísticamente hablando) parecía el hombre de las cavernas redivivo y no por el color de su piel, era tanta su ira que uno no podía dejar de recordar el extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde o el añorado Trucutú de mi infancia. (Pero ese sí era educado)

Al otro día la prensa informó que piel oscura había enloquecido de furia debido a un insulto racista que cara pálida le espetó. Por su parte cara pálida juró por la virgen santa que eso era una mentira pues sólo estaba conversando con un contlapache y lo que ocurría era que los del América no sabían perder. ¡Sopas! Es verdad sabida que América es parte del imperio y por tanto el equipo del gran canal de las aguas de… color (eufemismo). Así las cosas, la pren$$$a nacional condenó, sin derecho de réplica, a cara pálida. Para acompletar, como dicen en mi pueblo, otro aguerrido aguilucho, al grito de siga los tres movimientos del “*Far”: “remoje, exprima y tienda”, sacó su ropa sucia y al ritmo del chacachaca declaró que cara pálida era un ojeis y esas cosas no se hacían porque había dicho cosas gachas a su cuate. Por su parte, un jugador puma dijo que estaban comentando lo aguerridos que habían salido los aguiluchos. Para entonces el chisme estaba a toda madre y el lavadero se estremecía como lavadora automática de los cincuentas. Ya entrados en gastos alguien llevó más ropa sucia y afirmó que cara pálida había ofendido al otro porque, ¡ni se imaginan! antes había denostado a otro jugador de color, ¡fíjense, fíjense, fíjense! Y como en este país a quien mata un perro se le llama mataperros, pues Juan te llamas y ora sí que tejones porque no hay ardillas.

Sólo un famoso exjugador puso orden al aclarar que en sus épocas todos los jugadores se mentaban la madre y se decían lindura y media, pero que al final del partido se daban la mano y olvidaban las ofensas. Tajante afirmó que lo que pasa en la cancha, en la cancha se debe quedar, punto. Por supuesto no deja de tener razón y su lógica me llevó a recordar mis años mozos, cuando era el portero estrella del equipo de mi barrio y un día el destino enfrentó a dos hermanos, pues el brother de mi cuate había sido fichado por un barrio enemigo. Al calor de los fregadazos, el otro le dio feo rodillazo a mi cuate allí donde los pájaros hacen su nido (órale güey). En respuesta éste se le fue encima y empezaron a tundirse a madrazos frente a sus propios progenitores. Cuando el padre entró a separarlos, mi amigo le decía, refiriéndose a su hermano: “No papá, es que este hijo de la chingada…” frente a la mirada impasible y calma de doña chingada quien ante la iracundia de su querube no perdió la compostura ni los buenos modales de la gente de savoir faire, oséase, ¿no? Dígamos que hasta en las familias de los pamboleros hay clases, chale.

Luego la Federación Mexicana de Fútbol amenazó con quemar en leña verde al susodicho y organizar un acto de fe para quemar con leña verde, al estilo de la Santísima Inquisición, al tristemente célebre cara pálida puma; lo cual no significa que América mande, ¡cómo creen! fíjense, fíjense, fíjense… Pacabarla de joder, diga usté si no, el mero mero petatero de una asociación que dice representar a los hijos de africanos nacidos en México, se unió a la tertulia que más parecería canción de Chava Flores, exigiendo, no su tequila ni pidiendo su canción; no, eso sería lo de menos, exigiendo que al irredento cara pálida se le expulse de por vida del fútbol. Clavos de Jesucristo, ¿no será un poco exagerado e inconstitucional prohibir el ejercicio libre de su profesión a ese pobre cara pálida? Sólo falta que como castigo se le obligue a usar, de por vida, un Sambenito. Uta mae.

Lo bueno es que las cosas caen por su propio peso y el hombre de color, en un juego del campeonato mundial de clubes que se celebra en Japón, demostró su verdadera calaña porque ante la impotencia mostrada por el América al perder frente a un equipito chino, al que se habían comido crudo y se preparaban para darle en la madre al Barsa (chale, que sea menos) volvió a convertirse en un remedo del doctor Jekyll y el señor Hyde y al grito de no me gusta que me hablen golpeado, ni que me miren feo o de plano no me miren, le dio -en pleno juego- feo testarazo a otro cara pálida, sólo que éste era su compañero y pacabarla de joder, su capitán, así como lo oye, y el chacacha a todo lo que da porque no soy quién pa contarles, ni ustedes quiénes pa creerme pero ahora Conapred se toma en serio su papel de autoridá y pa que veámos cómo masca la iguana y que no todos los juncionarios se apagaron analógicamente, como ocurre con otros dirigentes de los tres poderes, amenaza con tomar cartas en el asunto y anuncia cambios radicales en nuestro júrgol. ¡Chale! ¿Nos irá a hacer campeones del mundo o de jodida llegaremos al añorado quinto juego mundialista? Sí señores, la Conapred no soportará que se siga denostando con palabras que humillan, ultrajan, acomplejan y de plano traen jodidos a los porteros y a los defensas. Así que aquellos esdrújulos, hipotéticos y méndigos aficionados que se regodean gritándoles putos a los susodichos, serán metidos al orden. Conapred dixit. Mas yo, que tengo años de no ir a un estadio, ya me preparo y afino la garganta para contribuir al folclore nacional y a esa tradición que ha adquirido carácter mundial de gritar lo que se le dé a uno su chingada gana, si para eso paga uno su boleto.

Por supuesto es grato ver que por fin una autoridá despierta y se dice dispuesta a hacer cumplir sus sacrosantas obligaciones, lástima que no ocurra lo mismo en otros campos. Así que, proletarios majaderos, uníos y estemos tranquilos porque vale madres que la economía se hunda al ritmo del peso, valen madres la soberanía perdida y la inseguridad si las estadísticas dicen que nuestros temores son infundados. Conapred nos hará justicia y qué bueno que los funcionarios reaccionen y dejen de nadar de a muertito cuando hay que cumplir patrióticamente con sus obligaciones; porque eso sí, cuando se trata de una entrevista, son los primeros en maquillarse, igual que hacen con sus reportes y ver felices cómo aparece su jeta en el canal de las estrellas, a todo color, de costa a costa, de frontera a frontera, en vivo y en directo…

*Far nombre con el que el habla popular bautizó al Fab, famoso detergente en polvo de los años cincuentas.