• Alejandro Ordoñez González

Corre Yiyo, corre. (*)

Pst, pst, tonsqué mi reina, a qué horas sales al pan, güerita color de llanta aquí está tu ring cromado. Es que estudias o trabajas, chaparrita cuerpo de uva, te espero aquí mientras bajas o prefieres que yo suba. Tonsqué, tonsqué mi reina a qué hora sales al pan, tonsqué, tonsqué mi reina. Chale, no se pasen de cábulas que ahí el mero ganchudo es su valedor, me cai de madre que sí, la pura neta carnal, así que no se quieran pasar de lanzas con mi reina porque me cai que me los achicalo a todos. Además ella no se fija en niños, a ella le gustan los hombres como yo, así de manchados y cabrones, no pinches escuincles puñales como ustedes que no saben ni ponchar la mota. A ver tú, que te sientes el más peinado fórjame un toque. ¿No te digo? Nomás le andan chafeando bien gacho, si son ojales, puros ojales, me cai de madre que sí, pero no hay tos, aquí les voy a hacer un paro con un toque para que se vayan dando tinta quién es el mero machín. Sincho, la Marcela es mi ruca, así que dejamos ahí güeyes. No, la niña no, pus cómo, ¿o qué, de plano tengo cara de ruco?, pero ella sí, es mi reina. Orale, no se haga pendejo, jálele, jálele duro, que lo sienta bien adentro y páselo rápido pa darle un toque no que por andar en el cotorreo se acaban mi mota y no la pasan.

Una noche venía yo de una tocada y que me encuentro a la Marcela a la entrada de la vecindad, venía bien pasada y con la blusa rota y nomás me vio y que se echa a correr y que me abraza y se agarra a llore y llore y es que un cabrón, mi Yiyo, -me dice-, un pinche cabrón se quiso pasar de lanza conmigo y mira nomás cómo me dejó, y yo le digo: dime quién es Marcela y verás que ahorita me lo achicalo para que no se ande de gandalla. Y ella: no mi Yiyo, es madrina y trae cuete y es cabrón, no mi Yiyo, no tiene caso, y yo ahí encabronado: me vale, dime quién es y verás que no me abro. Y ella bien linda: no mi Yiyo, no hay tos, al rato se lo chinga alguien más a él, no hay tos, mejor regálame un toque, y yo pus claro mi reina, faltaba más y luego pus que ella quiere ir conmigo a la azotea y que le paso un restorán y ya ahí a solas pus yo también que me animo y pus Marcela estás bien linda y no es que me quiera pasar de lanza contigo pero me gustas un chingo, si desde hace muchos años que ya me gustabas, pero yo ahí nomás callado, pero eso no quita que me pases un chorro y ella diciéndome que yo también, que soy bien chido, que nunca creyó que fuera tan machín y luego que se me va acercando y que me pone una mano aquí en la nuca y que con la otra se empieza a quitar lo que le quedaba de la blusa y que nos damos un beso largo, largo; bien chido, bien chidito el beso aquel. Y ella, mi camisa y sus dedos suaves en mi piel y ahí su carne dura.

No, lo de la Toña fue otra onda, no chingues, bájale, bájale de volumen, deja eso en paz, no chingues. Lo que pasa es que me dolió un resto lo que nos hizo, me cai que no tuvo madre. Traer a la policía para sacarnos con todo y chivas, pus ni rateros que fuéramos y luego esos cabrones que poco quieren, pasándose de la raya con mis jefes, si me la dejaron llena de moretones y golpeada, y a mi jefe hastal coco le abrieron y luego las camas y los muebles ahí aventados y la gente que pasa mirándote bien gacho, si hasta la tele se jodió, me cai de madres. No tuvo madre lo que nos hizo esa vieja, qué tenía que andar de chivatona, además si yo no le pasaba por qué no me cantó la bronca a mí, qué culpa tenían los pobrecitos de mis jefes, porque ahora allá en Santa Fe la cosa está cabrona, bien cabrona chavitos. Ahí no se andan con mamadas, ahí todos con puntas o con cuetes, buti banda de veras, buti banda pa donde voltees, y bien manchados, si hasta los tiras le sacan a entrar. A mí ya me respetan, cuando menos Los Panchitos ya, y es que me he dado dos tres tiros con ellos, si hasta un día llegó el mero ganchudo de ellos. Con otros, venía acompañado de otros. Y: qué me ves güey, soy o me parezco, y luego el más fuerte de ellos, uno que le dicen el Lobo que me dice: me quiero echar un tiro contigo, me gustas pa madrearte, ¿qué dices?, y yo que me había quedado sentado sin moverme, ponchando una bacha de mota, le dije bien tranquilo: ya vas, pa luego es tarde, puto el que se raje. Y nos madreamos bien bonito porque el chavo ese era retebueno pal trompón y luego el jefe de ellos que le dice al Lobo: párale ya carnal, que este cabrón está picudo. Y luego que me dice: cómo te llamas, galán, y yo pus Yiyo. ¿Y qué, no le entras al requinte?, y yo que nunca lo había hecho, pus sí mi valedor y que vamos y le arrebatamos su bolsa a una pobre ñora que se parecía harto a mi jefa.

Corre Yiyo, corre, andan unos tiras preguntando por ti. Sacaron sus charolas, que traen orden de aprehensión, corre. A mí por qué, yo no he hecho nada. Que no seas pendejo, ahí vienen, pélate cabrón, pírate parotro lado. Corre Yiyo, corre, que vienen por ti, no seas necio…



(*) Fragmento de mi novela “Cábulas, finalista del concurso “Premio de la Ciudad de México” convocado en 1986 por la Editorial Plaza & Janés, publicada por la Editorial Plaza y Valdés, en 1987.