• Alejandro Ordoñez González

El hacedor de todas las cosas

Aquella madrugada inhóspita el santo, santo señor del universo, el buen Dios omnipotente, hacedor de todas las cosas despertó sobresaltado por el presentimiento de una tragedia. Con la respiración entrecortada y el corazón latiendo desordenado levantó su mano temblorosa y dijo: Hágase la luz, y la luz se hizo. Después recorrió con la mirada la enorme vastedad de su reino, llego a los más alejados confines de la tierra, subió a las nevadas cumbres de las montañas y bajó a lo más profundo de El Hades. Cuando comprobó que el orden y el equilibrio ordenados por él permanecían inalterados sonrió aliviado y dijo para sí mismo: fue una pesadilla, soñé que se me moría el diablo… y se volvió a dormir.