• Alejandro Ordoñez González

La revancha

Empezó a jugar por gusto, después como un reto personal, más tarde por necesidad. Su obsesión compulsiva lo llevó a inventar un sistema que le permitía incrementar el número de aciertos, aunque para ser franco nunca pasó de tres. Estudió los métodos probabilísticos y de estadística, aprendió a diseñar bases de datos y hojas de cálculo. En la oficina empezaron a verlo con desconfianza y su productividad bajó, pero a él no le importó, convencido de estar a un paso de la riqueza. Abandonó los formularios sencillos y empezó a utilizar los de opción múltiple, ya que sus posibilidades de triunfo se potencializaban, aunque no dejó de preocuparle que ocurriera lo mismo con los costos. Para animarse empezó a soñar que lograba los anhelados seis aciertos y obtenía la bolsa más alta de la historia. Renunciaba a su trabajo, compraba lujosa residencia y un yate. Por supuesto su esposa no sabría nada, pues la sanguijuela le habría chupado al menos la mitad del premio. Montaría un despacho y fingiría ser un próspero consultor, viajaría por todo el mundo acompañado por la secretaria de su jefe, que por fin le haría caso, aunque no estaba seguro si por ella sería capaz de dejar a su familia. Metódico como era, empezó a anotar sus sueños, como si se tratara de algo real. El día que obtuvo cinco aciertos comprendió que la vida era como un sueño y fue tan feliz que olvidó guardar su diario y los números recién obtenidos.

Cuando la esposa supo que había perdido el trabajo, contra lo esperado, guardó prudente silencio. Ella dijo tener una invitación para incorporarse como socia en un despacho de consultores, la aceptaría, siempre que él se hiciera cargo de la casa y de los niños, él estuvo de acuerdo, pues tendría más tiempo para su proyecto. Ella se reveló como una excelente mujer de negocios, algo que él nunca imaginó, compró una elegante residencia y un yate, sólo que por motivos de trabajo empezó a viajar por todo el mundo, algo que a él no le importó, pues le dejó mayor tiempo libre para sus planes. Obsesivo revisó el sistema, la frecuencia y recurrencia de los números, la tendencia a aparecer siempre juntos del 37 y el 25, la incompatibilidad del 1 con el 45; el número de veces que se repetían y los períodos máximos en que dejaban de aparecer; pero el sexto acierto no llegaba.

Desesperado, una tarde revisó las cosas que dejó su esposa, encontró el diario donde había anotado sus sueños y, en medio, un papel con seis números escritos por él; fue a su registro histórico, se quiso morir cuando descubrió que esa combinación había obtenido el premio más alto de la historia. Comprendió, de pronto, que era una víctima, sus propios planes habían sido aplicados rigurosamente por su esposa, quien para entonces le había pedido el divorcio pues era amante de su guapo asistente. La buscó para reclamar la parte del premio que le correspondía, ella ser rió de él y en represalia le quitó los niños, el yate, la pensión y hasta la casa. Sin trabajo, ni amigos, deambuló por las calles mendigando para pagar una sencilla, hasta que fue llevado a una clínica psiquiátrica donde convenció a los demás enfermos de la bondad de su sistema, lo que los llevó a unirse para tratar de pagar los costos. Al saberlo, el personal médico decidió apoyarlos, ellos pondrían el dinero y los locos el cerebro. La noche que le dieron a seis quisieron volverse cuerdos; pero al otro día, los doctores dijeron que estaban locos de remate y se negaron a darles su parte del premio.

Deprimido, sin saber qué hacer, temió en verdad perder el juicio, hasta que entró a la clínica un testigo de Jehová que le leyó la Biblia y le enseñó que la verdadera felicidad se encuentra en Dios y no en las riquezas y frivolidades del mundo; así, abandonó sus vanas pretensiones y destruyó sus notas para seguir el camino del señor, dispuesto a convertirse en uno más de los elegidos, antes de que concluya este sistema de cosas.