• Alejandro Ordoñez González

La virgen de Guadalupe

Ocurrió en el inhóspito invierno de 1501. Felipe el Hermoso, desoyendo los consejos de los expertos se embarcó en Gante, con su mujer Juana la Loca. Iban a reunirse en Toledo con los reyes católicos, para ser designados sucesores del reino. Fue una imprudencia, el mar embravecido estuvo a punto de hacerlos naufragar; tanto, que los temerosos marineros realizaron una colecta para hacer una ofrenda a su patrona, la virgen de Guadalupe. Estupefactos contemplaron como Juana dilataba largo rato hurgando en su bolsa hasta encontrar la moneda de menor valor (medio ducado). Impertérrita contempló la desesperación y el miedo de los demás. No ha de pasarme nada, declaró sosegada, no he sabido de reina alguna que muriera ahogada en la mar.

En 1492 Cristóbal Colón, después de firmadas las Capitulaciones de Santa Fe se dirigió hacia Palos de Moguer para iniciar su histórico viaje, pero antes desvió su camino para dirigirse al Monasterio de Guadalupe, enclavado en las inhóspitas montañas de las Villuercas, región de Extremadura, para invocar la protección de la virgen de Guadalupe en el peligroso viaje que habría de emprender. Al regresar a Castilla volvió al mismo sitio para dar las gracias y en su segundo viaje a las Indias Occidentales bautizó a la isla Karukera, con el nombre de Guadalupe, en honor a la patrona extremeña.

En 1528, a su regreso a España, después de la esforzada conquista de México Tenochtitlán, Hernán Cortés hizo el mismo camino, pero en sentido inverso, desembarcó en Puerto de Palos y se dirigió a Cáceres, al mismo monasterio, para pagar una manda; llevaba consigo un escorpión de oro incrustado con piedras preciosas que le prometió a la virgen negra si lo salvaba de morir asfixiado cuando fue picado por un ponzoñoso alacrán, en Mexcatitán. A decir de Duverger, este exvoto fue el primer homenaje de nuestros indios a la virgen que tres años más tarde -el 12 de diciembre 1531- se aparecería en las faldas del cerro donde los aztecas adoraban a Tonantzin, conocida también como Coatlicue o Cihuacoatl.

¿Pero de quién hablamos? De una virgen de Guadalupe negra que según la tradición fue tallada por Lucas, el evangelista, en el siglo I, es de cedro y mide 59 Cms. Estuvo en Roma, a la vista de los feligreses, en la época del Papa San Gregorio (entre los años 590 y 604), fue enviada a Sevilla donde la enterraron para salvarla de la invasión musulmana. Está sentada en un trono, tiene a su hijo en el regazo y la visten con bellos ropajes, según las fiestas religiosas del año. Estuvo perdida 600 años hasta que en el siglo XIII se le apareció a un humilde pastor a quien pidió que la desenterrara. La hallaron a un costado del río Guadalupe, voz árabe que significa río escondido -wad ad luben-, sitio donde construyeron su santuario. La conocen como la virgen de los conquistadores porque fue la patrona,-entre otros-, de los extremeños: Ovando, Pizarro, Valdivia, y Vasco Núñez de Balboa. En 1907 el Papa Pío X la declaró patrona de Extremadura y en 1928 fue coronada por el Papa Pío XI, en presencia de Alfonso XIII, como “Hispanorum Regina”. Cuentan también que fue venerada por los templarios y la festejan el 8 de septiembre.