• Alejandro Ordoñez González

Rendez-vous

Ocho de la noche. Una hora de retraso, por fin aparece Montse, la cadencia morosa de su caminar denota que no le corre prisa. Me abraza, acerca sus mejillas, contemplo sus consabidos tenis Nike: viejos, manchados, mugrosos; sus deslavados, descosidos, harapientos jeans; una sudadera desteñida -atada a la cintura- cubre púdicamente sus caderas; la blusa blanca cerrada hasta el cuello no me impide disfrutar de sus encantos que a pesar de su flacura se insinúan tras la tela. Parece adivinar mis críticas, humedece sus labios para darles un toque de sensualidad, entorna los ojos y reclama: vengo a la moda, tonto, lo que pasa es que ya estás viejo y no comprendes. Platicamos de todo y de nada, disfruto el tono grave de su voz que me enamora. Me agobia, me acosa y me fumiga con el humo apestoso del cigarro.

Suena una cumbia, insistente y despiadada. Me mira, por primera vez la noto apenada. Busca desesperada en el fondo del morral; es un mensaje de Juan, me dice, es que anoche pensé en él y nunca falla. Me abandona en pleno naufragio y se dedica a oprimir con rapidez las teclas. Marca send, supongo, por fin sonríe. Para ocultar mi frustración me concentro en sus ojos; ella, como premio a mi paciencia se desabrocha un botón; declaramos una tregua y vuelve el romanticismo a nuestra mesa. Llega una vibración, luego una insoportable música de banda ataca mis oídos. Se pone de pie, sonríe nerviosa. Es Pedro, de seguro no creyó lo que le dije. Se aleja, la veo discutir; se desabrocha un segundo botón. Regresa, aparenta tranquilidad pero la conozco y se que es falso. Se sienta, contemplo la blanca tela del top que asoma coqueta entre el escote de la blusa. ¿Y tú -pregunta-, lograste salir con la chica de la redacción, que tanto te gusta? La miro sin atinar a contestar. Ella concluye que no. Tch, tch, tch, es que eres un looser my friend, perdona que te lo diga, no has entendido que somos creadores de nuestro propio universo, que todos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras pasiones se manifiestan y se hacen realidad con sólo desearlos fervorosamente. No has comprendido que estás lleno de energía; eres un imán que atrae hacía ti lo que deseas. ¿No te has cansado de ser un triste reporterillo? ¿Hasta cuándo te vas a conformar con ver de lejos a la mujer que te gusta, sin atreverte a conquistarla? ¿Crees que las cosas son meras coincidencias, has leído Sincro Destino? ¿Algo de superación personal? ¿El Secreto, El caballero de la armadura oxidada, el Kamasutra, Francesco, conoces a Gaby Vargas? No mi rey, con razón estás jodido. ¿Por qué crees que soy una mujer tan exitosa?, ¿te dije que me ascendieron en la revista y que tengo otra oferta de trabajo? Tú sabes cómo me acosan los hombres. ¿No te dice nada eso?

Pidió la cuenta, pagó con mi dinero, me llevó a la sección de libros, escogió varios, tomó algunos billetes de mi cartera, pagó y antes de devolvérmela extrajo uno más, en calidad de préstamo, para pagar el taxi cariño, porque faltan siete días para la quincena. Me habría pedido que la llevara para seguir conversando pero Pedro es demasiado celoso y no querría exponerme a una escena. Vi perderse en la noche, las luces de su taxi.

Tengo seis meses repitiendo mantras y practicando meditaciones profundas; me he vuelto un ejecutivo eficaz, en diez lecciones, pero mi jefe no me asciende, ni me he sacado la lotería; he aprendido a ser un amante arrebatado, conozco todo lo que las enamora y enloquece, pero es el caso que Montse no me busca ni responde a mi llamado. Tal vez sólo sea cuestión de insistir, después de todo el universo gira en torno de nosotros mismos y mi yo es absoluto, completo y duradero, es espiritual y físico, así que no puede ser más perfecto. Tal vez un día Pedro se canse de Montse y entonces ella acuda a mí y llegue el cambio…