• Alejandro Ordoñez González

La hormiga y las cigarras

13 de Abril , 2012


Tengo a la vista ejemplares de diversos diarios de circulación nacional que dan cuenta cabal de lo que acontece en los cuatro frentes políticos que se disputan la presidencia de la república. Los hay de derecha, de izquierda y alguno que podríamos calificar de neutral, si es que tal pueda ocurrir cuando está en juego el poder que nos gobernará los próximos seis años. Prevalecen las sonrisas, unas espontáneas, otras fingidas, como salidas de un estudio de cine o un set televisivo. Abunda la cháchara inútil y en un ambiente propio de La Tremenda Corte, de Nananina y Tres Patines, las acusaciones van y vienen: que si los pisos fueron tres millones o sólo trescientos mil; si se cumplieron o no todas las promesas en el Estado de México o si el cochinero que se vislumbra con la guerra sucia será de pronóstico reservado; que los gastos del tricolor son de escándalo y en el cuarto de guerra de los azules abundan los generales de tres y cuatro estrellas: los hay para la táctica, la estrategia, la comunicación y hasta para la lucha en lodo, sin olvidar a la parentela, favorecedores, clientes, amigos y… enemigos, faltaba más. Digamos que en los palcos del palomar, allá en lo alto del estadio, no cabe tanto chingón, pero a ras del pasto, a nivel de cancha, falta gente dispuesta a romperse la máuser por la causa y si la defensa se ve flaca, la delantera muestra síntomas de anorexia y de bulimia y así, la mera verdad, está cañón. ¿Dónde está el piloto?

En uno de los partidos todo parece estudiado, como el guión de una película ya vista, pero eso sí, con un profesionalismo y una eficiencia que hacen recordar a los ejércitos germanos de la Segunda Guerra Mundial y allá van sus motociclistas de la blitzkrieg y sus unidades panzer, arrasando en las encuestas, algunas creíbles, otras no tanto -ni tantito-. Por otro lado, no obstante el nutrido estado mayor que se cargan, hasta ahora la improvisación y las ocurrencias parecen ser cosa cotidiana, lo mismo se trate de un estadio de fútbol que se les vacía, hasta los gazapos retóricos, las faltas de ortografía o el ridículo de las memelas (léase quesadillas); sin olvidar, por supuesto, esos mareos que muy bien pudieron ser producto de un pánico que cada día será más difícil controlar. ¡Y lo peor es que la cosa se va a poner peor!

Veo también al candidato de las izquierdas, que hasta ahora se ha mantenido al margen de discusiones propias de una revista rosa. Lo veo serio, adusto, es el que mejor parece saber adónde va, cómo va a llegar y por qué quiere hacerlo. ¿Lo dejarán? Para empezar es el único que ha publicado los nombres de las personas que lo acompañarían en su gabinete, lo cual no es una cuestión menor ni simple hecho para el anecdotario, porque de entrada significa un compromiso que el candidato asume y desde ya los somete a la aprobación de la ciudadanía. Por ejemplo: ¿Cree usted que haya alguien más capacitado que Juan Ramón de la Fuente para hacerse cargo de Educación Pública?; ¿o que René Drucker para encabezar nuestros esfuerzos en materia científica, verdadero detonador del desarrollo, hasta ahora nuestro tendón de Aquiles? O qué, ¿vamos a permitir que una vez más vengan los compadres o los siempre confiables y leales amigos a hacerse cargo de carteras ministeriales de las que no tienen la menor idea y, a veces, ni siquiera ganas de aprender y de comprometerse? Mientras ello ocurre, los azulinos y los rojillos hacen como que la virgen les habla y no sueltan prenda. ¿Por qué será tú?

Se nos ha repetido hasta el cansancio -con mucha razón-, que uno de los grandes aciertos de don Benito Juárez fue haberse rodeado de verdaderos patriotas que desempeñaron sus encargos con honestidad y eficiencia. Los tiempos no están como para que nadie venga a aprender o a sorprendernos con personajes de dudosa honestidad que se enriquezcan a nuestras costillas. Como simple curiosidad, busque usted los nombres de las personas que integrarían el gabinete de la izquierda, compárelos con los personajes que acompañan a los otros candidatos y saque sus conclusiones. ¿Ah verdad?

Por lo que se ve, aspectos fundamentales del programa de gobierno de la izquierda serían la aplicación irrestricta de la ley y el combate a la corrupción, males endémicos que nos han llevado hasta este desastre nacional en el que nos debatimos. La autoridad moral del candidato hace pensar que cumplirá sus compromisos y si llega a triunfar tengo la certeza de que por primera vez, en más de cien años, veremos llegar a la presidencia de la república a un hombre pobre y lo que es más, lo veremos salir igual de pobre, como corresponde a los ideales republicanos que nos legara el presidente Juárez. ¡Verdad de Dios!


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