• Alejandro Ordoñez González

Thrump, ¿el huevo de la serpiente?

Y yo, necio que soy, iconoclasta irreverente, abogado de las causas imposibles me pregunto: ¿No será que el huevo de la serpiente eclosionó en las entrañas mismas del imperio?

¿No será que ese tiempo de adviento que con gran algarabía y júbilo celebran hoy los blancos (la mayoría de ellos racistas y con bajos niveles académicos) más que anunciar la llegada de una América otra vez grande represente el amanecer del primero de los últimos días de gloria de esa nación que se ha distinguido por su carácter bélico, alevoso y abusivo?

Porque la historia universal nos ha demostrado que lo que a veces no logran las espadas ni los cañones de potencias enemigas, se gesta como un germen que va carcomiendo desde adentro a esas naciones que se soñaron imbatibles.

¿De veras, no será que el huevo de la serpiente eclosionó en las entrañas mismas del imperio? No vaya a ser la de malas y esos que ahora festejan la llegada de ese nuevo führer cambien antes de lo que piensan sus risas en lamentos y arrepentimientos. No sé, podría ser, ha ocurrido antes, ¿por qué no habría de repetirse ahora?