• Alejandro Ordoñez González

Quadri o el dilema de ser y (aparentar) no ser

11 de Mayo 2012


To be or not to be, como dijera Hamlet, porque hoy Gabriel Quadri de la Torre, ese vergonzante ex burócrata de altos vuelos que para mayor referencia vive, al menos estos meses de la grilla, con el ánimo de llevar agua al molino de la profe se autoproclama candidato ciudadano, mientras esconde bajo la manga su paso por el Banco de México, la Secretaría de Desarrollo Social y el entonces Departamento del Distrito Federal, antesalas todas de la política nacional. O como si ser candidato para la presidencia de la República no significara estar metido de lleno en la polaca.

Este candidato que para apantallar al paisanaje rechazó la lujosa camioneta blindada que intentó poner a su servicio el Estado Mayor Presidencial porque él no es narco, ni va a andar en vehículos de ocho cilindros que derrochan gasolina subsidiada; y ecologista trasnochado como es viaja en proletaria Combi, ha sido desenmascarado por los alumnos de la Escuela de Periodismo Carlos Septién, quienes le cuestionaron su hipocresía porque lo vieron descender, a unas cuadras del plantel, de elegante vehículo blindado y subir a su democrática y ecológica camioneta Combi, a bordo de la cual llegó a la reunión que sostendría con alumnos de esa escuela, por lo que no pudo sino reconocer el hecho y escudarse en el pretexto de que el Estado Mayor Presidencial no le permite andar en vehículos que no cuenten con protección.Lo cual está bien, parece razonable; pero, ¿entonces… para qué fingir, para qué ostentar una humildad de la que se encuentra muy lejos? Porque es fácil aparentar una modestia que no se puede sostener ya en los hechos cotidianos. Por fin: se es o no se es, en el entendido de que ninguna de las dos opciones tiene nada de malo, lo que resulta cuestionable es tratar de engañar a la gente.

Que ganó el debate, dicen, y no falta quién lo compare con Gilberto Rincón Gallardo; ese sí, luchador social de a devis, y no paniaguado héroe de simple pacotilla. Porque dijo experimentado reportero: Rincón Gallardo jamás se habría prestado para seguirle el juego a la maestra, y es ahí donde está el quid del asunto, Quadri fue nombrado candidato para preservar la existencia del Partido Nueva Alianza y para apuntalar a su hermano mayor: Enrique Peña Nieto, porque voto que vaya para él será un sufragio menos para las otras opciones, con el agravante de que cada curul, cada escaño obtenido por Panal significa dinero fresco que vendrá a apuntalar las de por sí boyantes finanzas del tristemente célebre sindicato magisterial. ¿Quihubas con la evaluación?


Que ganó el debate, dicen, este pequeño roedor que vió pasar de largo las dentelladas y los zarpazos que esas tres fieras se lanzaban y ocupadas como estaban por defender su vida poco caso hicieron de las provocaciones que el envalentonado ratoncito les lanzaba, aunque claro, a Peña Nieto le guardó respeto porque dice está cerca de él y lejos de la izquierda; además, no hay loco que coma lumbre, y es ya un secreto a voces que el pacto electoral celebrado por el PRI con la maestra se rompió públicamente; pero allá, en los albañales oscuros del poder, sigue más vigente que nunca.

La cuestión podría mover a risa loca, de no ser porque en las próximas elecciones nos jugamos, sin exageraciones, la viabilidad del país y el futuro de nuestros hijos, que el estudiado desaliño y el porte campechano de este hombre que presume su santidad no nos deslumbre porque atrás de él se esconde nada menos que el chamuco. Razonemos nuestro voto, hace seis años ese mismo poder que ahora se enmascara en un supuesto candidato ciudadano fue pieza clave en el desaseo y en ese erradero (así, sin hache) que padecimos y seguimos sufriendo los mexicanos. Que nuestros jóvenes que por primera vez habrán de votar razonen juiciosamente el sentido de su sufragio porque no está la Magdalena para tafetanes y ellos serán los primeros afectados si la elección no es la correcta. Déjenme pues echar mi despedida parafraseando a la Décima Musa:

“Éste que ves, engaño colorido,que, del arte ostentando los primores,con falsos silogismos de colores

es cauteloso engaño del sentido…”

Ay güey.


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