• Alejandro Ordoñez González

Que lance la primera piedra… ¿Mal de muchos?

Entonces, el santo santo señor de los oficios descendió del séptimo cielo desde donde reinaba, venía envuelto entre nubes de algodón y los beatíficos aromas del incienso y de la mirra. El ambiente se llenó pronto con los agudos tonos de las trompetas, los dulces arpegios de las arpas, las flautas y las liras, las rítmicas percusiones de los panderos y los címbalos y un coro celestial que anunciaban, todos ellos, la esperada venida del señor a la tierra. Lo acompañaban ángeles y querubines, arcángeles y serafines y cubría su cuerpo astral con nívea túnica, como correspondía a un ser impoluto como es él mismo.

Se acercó hasta una turbamulta que vociferaba enloquecida y en tono que no admitía réplica les espetó enérgico: ¡Deteneos, que arroje la primera piedra el que nunca haya sido corrupto! Los hombres se vieron a los ojos, dejaron caer disimuladamente las piedras que llevaban, cerraron apresuradamente sus albornoces para que el santo señor no los reconociera y trémulos de espanto quedaron paralizados.

Aunque las escrituras no dan cuenta de ello, se sabe que sólo un hombrecillo insignificante dio un paso hacia adelante y se persignó antes de arrojar tímidamente una pequeña piedrecilla no más grande que una almendra. ¡Te atreves a desafiarme, insolente! -Preguntó quien ya saben-. No señor, contestó el otro, contrito, lo que pasa es que yo robé… pero poquito. (*)

(*) Declaración de Hilario Ramírez Villanueva, ex alcalde de San Blas Nayarit. Fuente: Milenio Digital del 7 de julio de 2014