• Alejandro Ordoñez González

Thrump, a bote pronto.

Anoche, mientras la población mundial pegada a sus televisores veía primero con asombro, luego con miedo, cómo se iba pintando de rojo el mapa de los Estados Unidos, y el peso mexicano se desplomaba irremediablemente. Anoche, cuando más que nunca se necesitaba la voz oficial que llamara a la cordura tanto a la población civil como a los mercados financieros, los políticos que nos gobiernan y los hombres y la mujer que pretenden hacerlo a partir del dos mil dieciocho, atónitos, paralizados por el propio terror que los dominaba ocultaron sus miedos bajo la almohada y decidieron dejar para el día siguiente la publicación de las medidas que según ellos ayudarían a paliar las crisis, con total olvido de que en este mundo globalizado las horas de demora pueden significar la debacle económica de un país (ya nos ocurrió con Zedillo).

El único que salió a medios para llamar a la cordura, para recordarnos que a pesar de todo y sin importar quién gobernara en los Estados Unidos, México es un país soberano, fue López Obrador. Sí, fue el único que demostró olfato político, buenos reflejos para enfrentar la crisis y con voz serena, cuidadoso de sus palabras para no ofender a ninguno de los candidatos norteamericanos, llamó a la mesura, a la tranquilidad. Antes de media noche pudimos verlo y escucharlo en los medios haciéndole la tarea a Peña Nieto, y sin estar revestido de la autoridad formal que dan nuestras instituciones habló en su calidad de ciudadano para tranquilizar a la población… y a los mercados financieros.

Me parece que para los tiempos que se avecinan lo ocurrido anoche es una excelente oportunidad que no debemos perder porque ante la crisis cada político se retrató de cuerpo entero y no podremos darnos el lujo de elegir a aquéllos que esconden el bulto y que, de seguro, ya cuentan con una buena excusa para explicarnos la debacle económica que se ha venido gestando desde hace muchos meses, también para justificar la inseguridad y todo lo que tristemente sabemos. Pienso que por encima de la filias y las fobias que AMLO desata, habrá que reconocerle al menos ese mérito.